La necesaria profesionalización de la Administración

Los que me conocen sabrán que no es la primera vez que apelo a la profesionalización de la Administración, tan necesaria como imprescindible, para el buen funcionamiento del aparato administrativo. Sin embargo la tendencia cada vez mayor es a la politización de la Administración en su sentido más amplio, lo que supone que sus dirigentes ni la conocen, ni la entienden, ni la comprenden ni tampoco desean todo esto, sino que creen que van a dar con la piedra filosofal que conseguirá que su funcionamiento sea más eficaz que nunca, y que les recordaran por sus grandes hazañas en el empeño de que las Administraciones Públicas sean un ejemplo mundial.

Es así como algunos entienden la labor política, creyendo que serán el Alejandro Magno del Siglo XXI, y que se escribirán libros y se recordará su paso por la política por grandes logros y mejores ideas puestas en escena. Hay que afirmar, sin embargo, que se les recordará sin duda, pero por haber destrozado las estructuras de las Administraciones, por haber dejado al funcionario sin instrumentos para funcionar, sin medios y sin el debido respeto a su trayectoria y su saber.

Las carreras administrativas en España son, sin lugar a dudas, excelentes. Los profesionales de la Administración española tienen un nivel más que acreditado, y no únicamente por aprobar una oposición que tiene el mérito que tiene, y no otro. Estos profesionales son de los mejores preparados del mundo en sus respectivas áreas, por no decir los mejores, y sin embargo, no se les dan las herramientas necesarias ni la consideración que se les debiera tener, salvo que tengan carnet de partido o sirvan los intereses propios del partido político, en cuyo caso en multitud de ocasiones, cederán su saber por las directrices del jefe del partido que parece ser más importante que el interés general.

Es por ello que, en estos momentos, es más importante que nunca apelar a la defensa, sin condición, de la profesionalización de las Administraciones Públicas, a la debida consideración de los funcionarios cuyas carreras tienen solvencia acreditada y que, como bien dice la Ley, sirven al interés general por encima de color o ideología política. El acceso a la Administración por oposición libre, sin puertas traseras o escaleras oscuras, y bajo la supervisión de los profesionales existentes y no de políticos o sindicalistas.

Se debe reducir al máximo el interinaje, que sólo es admisible excepcionalmente y por necesidad del servicio público, así como debe tener un carácter temporal. Del mismo modo, el acceso a Jefaturas (Negociado, Unidad, Sección, Servicio, Subdirección General, Dirección General) debe ser por procedimientos objetivos como concursos de méritos que estén bien estructurados o por oposición, etc…

Es fundamental que, si bien los políticos dirigen la Administración, lo hagan bajo la supervisión y el asesoramiento de los funcionarios que, sin duda, no ejercerán su función para dirigir en la sombra, sino que desarrollaran las propuestas y directrices del político cumpliendo la Ley, sirviendo al interés general y garantizando la igualdad de todos los ciudadanos.

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