Ejercicio de la profesión de abogado: cuando las series de TV influyen negativamente

Los años en el ejercicio de una profesión dan para contar multitud de anécdotas. Y, en este periodo vacacional, me ha venido al recuerdo una que podría parecer divertida si bien manifiesta el daño que se produce a la profesión del abogado por parte de las series televisivas, fundamentalmente aquellas que vienen de norte américa. Nuestra profesión es muy desconocida por parte de la población en general, lo que produce mal entendidos y básicamente rechazo por incumplimiento de expectativas poco realistas y muy televisivas.

En multitud de ocasiones acudimos al juzgado, como vulgarmente se dice, con «todo el pescado vendido» y la actuación se limita a procurar el menor daño posible para tu cliente, pero el daño se va a producir. Otras veces hay que tener en cuenta que la decisión depende de una tercera persona, que debe interpretar la Ley aplicándola al caso concreto, y que todos sus prejuicios, limitaciones y frustraciones afectarán a la resolución del asunto. Sin duda intentará ser objetivo, sin embargo, no es realista pensar que todos los aspectos relativos a su personalidad y a su proceso de aprendizaje vital no vayan a afectar al resultado final.

También se producen situaciones en las que se tiene razón y se gana, esas no son objeto de análisis, salvo para profundizar en los motivos que provocan que la respuesta sea dar por hecho que era muy fácil y, por tanto, que no hay merito ni trabajo en la producción del resultado satisfactorio. Aún así, hay que significar que sin la intervención del Letrado y su conocimiento del derecho, así como del asunto concreto, además de su intervención en sala, habría sido imposible ganar el pleito.

Dicho esto, y tras numerosos años cargados de incontables anécdotas que no se van a reproducir, es importante resaltar que gran parte de las expectativas que tienen los ciudadanos sobre el ejercicio de la abogacía, vienen de la falsa creencia en que todo se puede ganar con dinero y un buen abogado. Lamentando ser excesivamente abrupto, si has matado a alguien, amigo no te salva nadie o, cuanto menos, es altamente improbable y requiere de unos defectos procedimentales de bulto que no se suelen producir.

Retomando el recuerdo aludido al inicio, se hace necesario contextualizar el caso. Se trata de una pareja que viven en un piso en arrendamiento a través de un API. Tras varios años residiendo allí, deciden adquirir en propiedad otro piso, y abandonar la vivienda arrendada para iniciar un nuevo proyecto de vida. Entregan las llaves de la vivienda y la propietaria firma la entrega de llaves sin revisar el piso, admitiendo con ese escrito que el piso se entregaba en buen estado.

Hasta ese momento no tenemos conocimiento de lo ocurrido, ya que fue posteriormente cuando acuden al despacho para pedir ayuda. La pajera ha dejado el piso «hecho unos zorros» y la propietaria les reclama una cuantiosa cantidad de dinero en concepto de reclamación por daños. Podría parecer que el asunto tiene fácil resolución, se aporta el escrito donde la propietaria reconoce que el piso ha sido entregado en perfectas condiciones, y asunto resuelto. Sí, esta podría ser una solución si no fuese porque nuestros clientes son aficionados a una serie televisiva de abogados en la que el propietario de un despacho utiliza estrategias sumamente agresivas con la intención de sacar el mayor rédito económico posible del contrario.

Al reclamar el documento firmado por la propietaria para la contestación a la demanda, el cliente indica que no lo encuentra, y va dando largas haciéndose responsable de la no aportación de dicho documento, prueba fundamental que podría ser clave para el proceso. Tras recibir la Sentencia condenatoria, previo aviso claro y explicito de las consecuencias de su actitud, se le convoca para explicarle como debe proceder e indicarle que debe ser mas responsable con la custodia de la documentación. La sorpresa fue mayúscula cuando el cliente entró gritando en el despacho la siguiente frase: «ahora es cuando tienes que aportarlo y así paga el primer y el segundo juicio». Huelga decir que la estrategia del procedimiento y pleito es exclusiva del abogado y debe ejercerse en libertad, al ser un derecho deontológico de la profesión. Por supuesto, el documento de presentarse tras la Sentencia sería extemporáneo y, por tanto, sin valor probatorio.

Evidentemente se procuró por todos los medios conseguir el documento con anterioridad a la contestación a la demanda, sin embargo, era obvio que no se podía conseguir salvo que el cliente lo tuviera y lo aportara.

Este tipo de actitud no puede entenderse sin que el cliente este imbuido del sensacionalismo y el proceso televisivo que maleducan a los ciudadanos en falsas creencias sobre la forma que tienen los abogados de actuar ante los Tribunales. Hay de todo en el mundo jurídico, como disparidad de opiniones jurídicas respecto a un asunto, sin embargo, el ejercicio no trata de buscar que la noche sea el día, eso correspondería mas bien a una divinidad y no a un abogado. Se trata de buscar que se garantice el derecho dentro de un proceso judicial, lo que hace que la profesión de abogado forme parte del engranaje del sistema judicial, en este caso de la parte del ciudadano.

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